domingo, 7 de agosto de 2011

Carmen: su autobiografía


Introducción: Toda la verdad sobre Carmen



1. Mi infancia

Capítulo 1

Mi infancia



Si eres un buen fan sabrás cuando es mi cumpleaños. ¿Ya lo sabes? Seguro que lo has mirado en Internet. ¿Os creéis que voy a dar mi verdadera fecha de nacimiento? Pues no la vais a conseguir. Simplemente os diré que nací en invierno, con un frío de estos que te cala los huesos, en un bosque de pacotilla. Sí, vivía en la montaña con mi madre y mi padre. Él era leñador y mi madre cosía y hacía de comer para la vieja de la vecina. ¿Qué pasa? ¿De verdad os habíais creído eso de que yo me había quedado sin padres y que me crié en un orfanato? Pues es mentira. Sí, me quedé sin padres, pero eso fue años después. Ya llegaremos a esa parte. En la montaña todo era monótono: mi padre salía temprano a por leña; mi madre se levantaba temprano para darme de comer y luego preparaba el desayuno para la vecina, me llevaba a casa de ésta y allí mi madre le hacía los quehaceres de la casa. Por la noche mi padre volvía, encendía la chimenea, cenábamos juntos como una familia feliz y a dormir. Creo que me gustaba más la versión del orfanato. Tres años después nació mi hermana Grace -que visteis al final de mis últimas aventuras- y todo fue igual, excepto que yo empecé a hacer algunas cosillas. Yo de siempre he sido inteligente, y a mis tres años ya se notaba que yo llegaría lejos. Hubo una plaga de ratones, y me encomendaron poner las ratoneras. Pues que sepáis que no valen para nada, porque luego los ratones volvían a escaparse y seguían reproduciéndose. En ese maldito año tuve una idea genial, donde además, puse a prueba mis dotes culinarias. Metí a los ratones durante ese año en una caja bien grande, y los alimentaba y todo, y si aparecían más, los metía con los otros. Ya no quedaban ratones, ni uno solo. Y ahora, ¿qué haría con ellos? Hice mi primer guiso, y también los acompañé con patatas de la huerta haciéndolos pasar por polluelos, por si mis padres y la vecina le hacían ascos. Tuve un éxito que nadie ha logrado a sus cuatro años. Tuvimos comida para más de un año, y sólo compartí mi secreto con Grace, que al principio se mostró un poco reacia, pero luego comenzó a comprender mis habilidades para sobrevivir en aquel lugar inmundo. ¿Qué? ¿A qué no sabíais nada de mis dotes culinarias? Soy una excelente cocinera, y con cualquier cosa me apaño. Cuando cumplí los seis años, comencé a trabajar para la vieja. Era una señora gruñona e infeliz con a saber cuántos años. Mi madre en aquel año empezó a trabajar en una fábrica de algodón y mi padre se hizo vendedor ambulante con las cosas de la huerta. Pues la vieja, un buen día, me dijo de todo, incluido que no era guapa. ¿Cómo que no? Era una niña preciosa, os lo aseguro, y no sólo porque me tenga mucho amor propio. El caso es que después de atarla a una silla y exigirla que se disculpase … ésta admitió que había algo especial en mí. La desaté y me dijo que a esas alturas debería ya saber leer y escribir. Y sí, aquella vieja gruñona me enseñó a leer y a escribir. Leí libros de todo tipo, y aprendí a expresarme como es debido. Aquella vieja me enseñó mucho. Como ya sabía escribir, comencé a confeccionar mi propio libro de recetas, y como deduciréis, incluí la de las ratas y algunas más … poco comunes. Un buen día la vieja encontró el libro. Se horrorizó y dejó de confiar en mí. Me dijo que me denunciaría por intento de envenenamiento y me amenazó con meterme en un loquero. Aquella vez sí que enloquecí. Me armé de valor y pelee contra la vieja. Murió dándose un golpe en la cabeza, pero algo en mí me dijo que yo era quien la había matado. Si enterraba su cuerpo lo encontrarían, así que … Lo cociné. Excepto la cabeza. Hice una peluca -la señora tenía mucho pelo a pesar de su edad- y me guardé sus dientes de oro y sus ojos. Robé todas sus joyas y como yo ya sabía escribir, le escribí una carta a mis padres haciéndome pasar por la vieja. Ahí les decía que se mudaba para siempre, y que su casa había sido cerrada para siempre.
A los pocos meses nos mudamos al pueblo. JAJAJA. ¿Qué por qué me río? ¿Acaso te importa? Si, ¿verdad? Me hice con mucho dinero. Vendí los ojos a coleccionistas extraños, las joyas las vendí a vendedores que me ofrecieron mucha pasta por ellas e incluso vendí las sábanas tan caras que ella misma había hecho. Mi madre no tardó en morir. Fue por culpa de una máquina de la fábrica. El técnico era un inútil, porque cuando fui a la ‘escena del crimen’ yo misma pude ver lo fácil que hubiese sido reparar aquel trasto. Aquello no se quedó así. Puedo simplemente decir que el coleccionista extraño de ojos se alegró mucho de recibir otros dos más, y que mi padre y Grace me agradecían todas las noches toda la comida que preparaba …

Autobiografía

Toda la verdad sobre Carmen


Hola a todos mis fans.
Soy consciente de que nadie empieza su autobiografía así, pero como yo soy especial, pues saludo a mis fans -a mis verdaderos fans- a quien les estoy profundamente agradecida. He de comunicar que esta es la única biografía publicada sobre mí completamente cierta, ya que está escrita por mí; creo que todo esto tiene sentido. El libro publicado por TeleBarbie, queriendo ofrecerme un tributo o algo así, contiene más mentiras que verdades. Sí, ya sé que todo lo que dicen sobre mí es bueno. Se han dedicado en exclusiva a hacerme la pelota, y todo por algo … ¿sabéis que es? Pues que me tienen miedo. Así que su precioso libro se lo pueden meter por ciertas partes que no tengo la intención de nombrar. ¿Queríais pasta? Pues la habéis conseguido, pero todo a base de mentiras. Si vais a la página 23 de su libro, comprobaréis que en la línea 5 dice que soy vegetariana, y todo para tapar mis instintos caníbales que muy bien dejé entrever cuando rapté a ese niño con nombre de hortaliza. Así que bueno, si queréis oír que como lechuguita con cebollita y aceitunitas ya sabéis que libro tenéis que compraros. Si queréis leer la auténtica verdad, seguid leyendo.
La gente normal suele empezar por el Capítulo 1, pero si os aburre mi infancia … pues me da igual. La gente normal -como yo- empieza por el principio, y si no, no haberos comprado el libro, ¿queda claro? Pues ahora, adentraos en el maravilloso, cruel y divino mundo de Carmen.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

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